Estambul

La ciudad sagrada no solo por ser cede de los mas maravillosos templos de las mas grandes religiones, no por ser la cede del Rabinato Sefaradi, ni por ser la cede del Patriarcado Cristiano Ecuménico de oriente, ni por ser la cede de las cuatro escuelas de Jurisprudencia Sunni, cede del poder religioso, la ciudad del famoso Shaij al Islam, el jurista de juristas, el hombre fuerte de la religión, el juez de jueces, al servicio del hombre más poderoso del mundo el gran Sultán Sulayman el Magnifico. Tampoco es sagrada por contener las reliquias de los Profetas, José, Abraham o Muhammad. Ni tampoco por ser la cede de la intelectualidad religiosa del mundo. Es sagrada por que sus habitantes así lo creen, así lo desean y confían en Allah todos los días para que así sea. Están dispuestos a ofrecerle su vida, sus pertenencias y sus hogares a quien lo pida, ya que para ellos todos somos hombres de Allah, somos las más exaltadas criaturas sobre la tierra y merecemos el mejor trato posible ya que tratar bien a alguien es como tratar bien a Allah.

El camino había traído a los jóvenes a través de cientos de dergas de todas las órdenes, sin embargo por cuestiones meramente de forma eran recibidos pero sin la euforia que Jaidar había experimentado con los qalandari. Parece mentira que personas que buscan agradar a Allah todavía piensen en que su orden es mejor que la del vecino o que su Pir es mas exaltado que el del compañero. En este territorio en el que los derviches son amos, gastan sus energías en la envidia por los demás. En otros territorios los derviches son asediados por nuevas doctrinas y procuran sobrevivir al mundo, mientras los que no tienen ese problema discuten por una superioridad que niega el fundamento del sufismo, la humildad. Para nuestros jóvenes Estambul los hará cambiar de parecer y les dará lo mejor de vida.

A su llegada son recibidos en la gran Tekke Mevlevi de Estambul, sorprendidos por el gran salón del Mevlana Jane, en el barrio de Gálata, esta pareciera ser la mas importante de todas las dergas mevlevi, sin embargo no lo es, la mas importante la dejaron atrás. Son convidados a quedarse un tiempo ya que el espacio aunque es amplio, también es limitado. Mientras exista una derga a un derviche no le faltará techo ni comida.

Era de noche y no era un día de reunión así que solo pudieron conocer a los derviches en retiro. Al día siguiente todos se dedicaron a las labores como expertos. Al finalizar la faena del desayuno, Tozun Baba les informó que después del Sama, conocerían a las personas mas importantes del imperio y que en su momento se podrían colocar en empleos o en escuelas en donde podrían obtener una beca, pero debían recordar que la estancia en la derga solamente sería temporal y que su obligación en Estambul era asistir al Sama, en cualquiera de las dergas regularmente y prestar servicios según lo requirieran los Murshids.

En ese momento los jóvenes se enteraron que existían muchas dergas mevlevi en Estambul, dirigidas por varios Murshids y al mismo tiempo el Chelebi principal en Estambul era Kemal Baba Efendi y se reunía regularmente en Gálata, al la que de vez en cuando asistía el mismísimo Sultán. Eso no era todo, al menos 34 órdenes tenían alguna derga en la ciudad, eso convertía a una gran cantidad de ciudadanos en derviches practicantes, así que ellos tenían que andarse con cuidado, cualquier comentario fuera de lugar podría comprometerlos.

Los días que siguieron los jóvenes efectuaban una serie de visitas a la ciudad, el primer día viajaron alrededor de Galata hasta Aksaray, visitaron incluso el barrio judío de Galatasaray. En medio de un chubasco cerca de la hora de la oración, los muchachos movieron una gran cortina que generalmente es la puerta de las mezquitas y sin más entraron, sin embargo por dentro no parecía una mezquita ni mucho menos el decorado, era la sinagoga del barrio, entonces cambiando miradas entre derviches y judíos, los primeros pidieron perdón y salieron corriendo de la sinagoga.

En otra ocasión cerca de la torre de Gálata visitaron por fuera, sin saberlo, la iglesia de San Jorge, este lugar tiene un encanto especial ya que es la cede de la Iglesia Cristiana de Oriente, allí reside el Patriarca Ecuménico recién nombrado por el mismo Suleyman como un conciliador de la Iglesia griega, la Albanesa y la Búlgara.

En este momento Suleyman seguía los pasos de su padre Selim Sha, un intento de congregar a las tres religiones del libro bajo el mismo gobierno, armonizar la vida entre judíos, cristianos y musulmanes, un sueño planteado desde un principio por el Profeta Muhammad. El primer paso era la conquista militar, el segundo armonizar a las diferentes fracciones de las religiones, es por eso que el deseo de conquistar a los Safavidas se había hecho imperante.

Para los judíos, existían muchos en los territorios árabes desde siempre, sin embargo la expulsión de los judíos de España había obligado 70 años antes al Sultan Selim a recibir a miles de refugiados y acogerlos como ciudadanos otomanos y a unir los rabinatos bajo un rabinato supremo en Estambul.

Para los cristianos fue mas complicado, los cristianos orientales estaban divididos en tres, los griegos, albaneses y búlgaros, peleaban por la soberanía, tres patriarcas que finalmente pidieron el arbitraje de un neutral, en este caso fue el sultán. Los cristianos de occidente eran otra cosa, representados en Roma por el Papa y defendidos por las naciones europeas, la tarea era casi imposible. Conducir campañas contra Europa significaba pelear contra varias naciones a la vez y por el momento era incosteable.

San Jorge es un personaje muy arraigado en toda la península de Anatolia y se le considera un profeta e incluso se le considera una de las formas terrenales del Jidr, el profeta que no muere y que aparece en todas las eras para iluminar a los amigos de Allah. Jidr es la inspiración de las personas creativas y altamente devotas, también se le conoce como el hombre verde. San Jorge en este caso es un puente entre el Cristianismo y el Islam, en otras tradiciones se cuenta que después de la muerte de Cristo, Jorge tomaría la revelación e instruiría a la comunidad de Jesús, hasta le llegada de Muhammad, sin embargo renunció a su papel histórico por convertirse en un soldado, no deseaba correr la misma suerte de Cristo.

Un día atravesaron el Cuerno de Oro hacia el centro de Estambul en barco, caminaron hasta Santa Sofía, la antigua catedral de Constantino, un lugar impresionante por la magnitud de su estructura así como por la belleza de su arquitectura. En esos momentos se estaba transformando en la joya del Imperio Otomano, aquella catedral se estaba convirtiendo en una mezquita con los más grandes lujos, un lugar para que el Sultán y toda la corte puedan rezar.

Son sesenta metros del piso a la cúpula principal, sentirse rodeado por la inmensidad, es el objetivo, hacer sentir al hombre pequeño frente a Dios. Casi un milenio de edad está siendo modificado, primero desalojaron todas las bancas, todos los iconos y el altar. En su lugar un almimbar y una plataforma para los Jafices.

Ese día recorrieron toda la plaza que solía ser el hipódromo romano, marcado por un gran obelisco egipcio y una columna formada por dos serpientes entrelazadas. Detenerse a probar un vaso de jugo de cereza de los aguadores callejeros es todo un placer. Al momento de comer un plato de Kofte o albóndigas con un plato de pilaf o arroz. Caminaron hasta el gran Bazar el cual recorrieron todo, decenas de calles cubiertas, nuevas secciones se estaban anexionando por ordenes de Suleyman, este había sido construido por ordenes del Sultan Mejmet, pero necesitaba una ampliación. Al pasar cerca del área de la joyería, los muchachos escucharon el Adan, como derviches piadosos corrieron hasta donde un tumulto de personas intentaba ingresar en la mezquita del mercado. Los tres se perdieron en la multitud, pensando que al salir se volverían a encontrar. No fue así, el mismo tumulto los arrastró por puertas diferentes y no se volvieron a ver hasta que regresaron a la derga de Galata.

Jaidar fue impulsado a salir del lado de la plaza de la mezquita de Bayacit, al encontrarse con otra masa similar de gente, tomó su derecha y llegó hasta el mercado de las monedas, allí se podía cambiar oro por dinero y monedas de otros países para poder comprar.

Al seguir reingresó al bazar por la plaza de los libros, tantas cosas para comprar, libros del Islam, caligrafías y los instrumentos para realizarlas, papeles, sedas, oro de hoja, plumas y tinta. El tiempo corrió viendo tantos artefactos exquisitos que hicieron que Jaidar por fin buscara asiento en una pequeña esquina. A su derecha una librería tal vez como las demás, en la vitrina se alcanzaban a ver ejemplares del Corán, libros de jurisprudencia, de arquitectura y desde luego algunos ejemplares raros, “La morada de los corazones”, de Nuri de Bagdad, “Mantiqu Tair”, los discursos de los pájaros de Attar, “Los engarces de la Sabiduría” de Ibn Arabi. Sin duda algunas joyas que para muchos serían difíciles de conseguir, solo aquí en Estambul y por desgracia para muchos únicamente en turco.

Sin levantarse y sin pensar en lo que había visto, el dueño de la librería se acercó y saludó a Jaidar, un hombre robusto con un gran bigote y voz profunda. Le preguntó tácitamente, “¿derviche?” “Si, Mevlevi”, respondió Jaidar. En ese momento un niño que pasaba por ahí volteó a ver al dueño y este asintió con un gesto, a los cinco minutos, dos vasos de té y un narguile le fueron presentados a los dos conversantes. Como era costumbre ofrecer un té y algo para fumar, eran signos de hospitalidad y de que deseaban prolongar el tiempo de la charla.

Jaidar comenzó la plática agradeciendo la hospitalidad, “vi algunos libros que me interesaron, como ese de Ibn Arabi, he oído que es muy bueno”. “Es el libro de libros, muchos libros en uno, por desgracia nunca te lo vendería, ya que necesitas un guía para leerlo, simplemente te perderías. Ibn Arabi es muy complejo y necesitas empezar por algo más sencillo como, ‘Viaje al señor del Poder’ o el libro de la Unidad. Verás los libros lo buscan a uno y cuando uno esta listo para ellos aparecen para enseñarte y moldearte”, dijo el dueño.
“¿Si voy a la universidad de Estambul y digamos estudio por algunos años, seré capaz de entender?” Preguntó Jaidar. “No es eso, tienes que caminar un largo tramo en tu vida y madurar, entender las sutilezas de la vida, seguir las instrucciones de tu Chelebi y tal vez, en algún momento seas capaz de entender, de hecho me sorprende que pregunte alguien que viene de tan lejos a buscar el conocimiento”, respondió el dueño. “¿Cómo sabe que vengo de tan lejos?”, Jaidar preguntó, “bueno, tu acento te delata pero has recorrido un camino inesperado, eso lo sé porque los derviches observamos y sentimos”, respondió el dueño. “Sabía que usted debía ser un derviche no solo por su tienda sino que al acercarse sentí algo que no puedo explicar, su presencia o su discurso, algo que no puedo explicar”, agregó Jaidar. Mientras terminaba su vaso de té, el dueño le explicó, “eso es exactamente lo que sienten los amantes de Allah, todos poseemos una naturaleza divina que nos hace reunirnos y reconocernos, es tan inexplicable como el amor mismo, simplemente se siente y se sabe”. “A propósito me llamo Muzafer y que seas bienvenido a Estambul”, dijo el dueño. “Me llamo Jaidar y soy de Herat, estoy en Estambul por órdenes del Chelebi de Konya”, dijo Jaidar. “Conozco al Chelebi, de hecho en Turquía todos nos conocemos y mas aún los derviches, la situación en Azerbaijan y ahora en Ardabil es penosa, pero Allah decide al final por todos”, dijo Muzafer.

Charlaron hasta la hora en la que Muzafer le indicó que debía partir, el último barco salía a las 5 y no era muy recomenadable rodear el Cuerno de Oro solo por la noche.

Las labores en la derga seguían una rutina muy simple, en casi todos los puestos sobraba gente, sin embargo siempre había algo nuevo por hacer. Los muchachos solo tenían un par de horas de esparcimiento al día, por eso al llegar el viernes tenían el día para recorrer la ciudad. Desde luego con o sin dinero recorrer la ciudad era un problema.

En uno de tantos Sama, llegó un personaje, que durante la ceremonia solo se distinguía como uno más de los derviches, su nombre era Yusuf Efendi, al finalizar la ceremonia, el encargado de servir el té era Amir, en un descuido logró derramar algunas gotas sobre la túnica de Yusuf Efendi. Al momento Amir pensó en todo, lo difícil que es retirar las manchas de té de la ropa, los castigos a los que sería encomendado, pero sobre todo la vergüenza de haber molestado a un derviche mayor. Yusuf Efendi con toda calma insistió en que solo era un accidente y que no tenía importancia, el Chelebi Kemal, finalmente ordenó como compensación que el responsable lavara la túnica de Yusuf Efendi.

Poco después del incidente Tozun Baba, dio el anuncio que los muchachos esperaban. “Yusuf Efendi es el ministro de educación del imperio, le he pedido que, de ser posible, interceda por los nuevos sufis para concederles un lugar en alguna universidad de Estambul, desde luego con una beca.” Amir ruborizado, pensaba en 1000 lugares para estar en vez de este, Jaidar y Selim esperaban atentos tragando saliva y temblando ante lo que pudiera pasar. Yusuf Efendi contestó, “jóvenes, nuestras universidades tienen un gran prestigio en todo el mundo musulmán y más allá, inclusive tenemos estudiantes de Europa, de China e incluso de Japón, esto lo digo porque, aunque yo puedo ayudarlos, la exigencia académica tiene un enorme peso y de no estar calificados para la universidad, no hay forma de admitirlos y menos aún con una beca”.

Al terminar la reunión los jóvenes fueron presentados con el ministro, quién les concedió una cita en su oficina en el barrio de Aksaray. Esta era una gran oportunidad, para Amir la elección estaba mas que tomada, para Jaidar la elección sería crucial y mas difícil, para Selim no había nada que elegir, la música era su anhelo, pero de eso no se vive pensaba.

En uno de los recorridos por la ciudad, llegaron hasta la nueva mezquita que se estaba construyendo. La gran maravilla del mundo, un complejo religioso que ocupa un área nunca vista para una obra de ese tipo. Contiene una mezquita con una cúpula de 50 metros de alto, una madrasa o escuela religiosa, baños, una biblioteca y un hospicio, es el preludio de los centros urbanos del futuro. La obra dejaría anonadado a cualquiera, pero sobretodo a Jaidar, quién emocionado pregunta a todos por igual albañiles, diseñadores, capataces cientos de dudas. Algunas sobre los artefactos para construir, otras sobre la excavación, otras sobre los acabados, miles de azulejos de Iznic, Antígona o mejor conocida como Nicea. Los azulejos de Nicea literalmente valen su peso en oro, es el acabado mas costoso del mundo, cada uno se hace a mano, se decora y se hornea para obtener un color azul único del que proviene su nombre.

Dentro de los encuestados hay uno que parece ser el más importante, alguien que supervisa la obra, “¿como puede sostener una cúpula a tanta altura?”, preguntó Jaidar, “hay que hacer los cálculos del peso y de acuerdo a eso se diseñan las columnas”, contestó el hombre, “pueden ver, pero por favor no estorben a los trabajadores ya que pueden salir lastimados”, agregó. Esto parecía ser el fin de la visita, los tres asombrados derviches caminaron hasta llegar al bazar, ahí Jaidar les presentó a su amigo Muzafer, leyeron algunos libros, bebieron té y quedaron convidados a volver.

De regreso en la derga, comentaron sus aventuras y sobretodo platicaron de la librería con el Chelebi, “claro el Shaij Muzafer”, dijo el Chelebi, Jaidar pensó “¿Shaij?”, mientras Kemal Baba agregaba, “el es el Gran Shaij de la orden Jalveti, siempre tan amable, nunca parece lo que representa.”

Así era, así era en Estambul un gran Shaij te invitaba a beber té y tu ni en cuenta, solo sientes que tiene algo, una presencia poco convencional y que haces dudas, ¿quién es? ¿Qué quiere? Los hombres de Allah se distinguen por algo que portan, inasible, misterioso, nos hace temblar, si algo nos han de dar o de quitar no lo sabemos. Tantos hombres Santos que Jaidar conoció y ninguno se parece, sin embargo todos son notables, todos hijos de Mujammad, todos con la luz de Mujammad, a veces deslumbra y a veces oculta. Esa noche durmieron con un pensamiento, una duda, ¿que hacer? A media noche se despertaron, cada uno en su cama pensando en la decisión de su vida, su futuro en manos inexpertas, en silencio comenzaron a rezar, a pedir ayuda e inspiración, a repetir los nombres de Allah, hasta que el sueño los venció.

Jaidar tuvo un sueño que lo dejó atónito, soñó que los tres estaban junto al Chelebi Fahri, parados sobre arena amarilla, esta formaba un círculo rodeada por unas piedras o piso negro y al final estaba rodeada por pasto muy verde. El Chelebi los hacía revolcarse en la arena, hasta que terminaban cubiertos por un cascaron del mismo color del que no podían salir y como unos pollos recién nacidos trataban de romper el cascarón sin poder lograrlo. Entonces el Chelebi lo rompía en una sección, que les permitía a los jóvenes seguirlo rompiendo hasta salir de el. Al despertar fueron a desayunar y para su sorpresa Kemal Baba estaba ahí. Había venido para desearles suerte, Jaidar contó su sueño, a lo que el Chelebi contestó. “Esa es la imagen de las órdenes sufis, rodeados por negro, el negro de la Jirca o manto, el verde del turbante y el amarillo en el centro, la religión externa, la interna y el corazón del hombre el lugar donde solo el Chelebi o maestro puede ayudarles, donde ustedes no son capaces de sobrevivir sin la iniciación. Iniciación a una nueva vida, la vida del derviche, a propósito vayan a ver al Shaij Muzafer y cuéntenle este sueño”.

Con estas palabras se encaminaron hacia Aksaray a ver a Yusuf Efendi, ciertamente les tomó toda la mañana llegar allí. Un edificio de tres pisos con guardia en la puerta, un lugar importante al que a toda persona se le pedía registrarse, solo para engrosar una enorme lista. Los derviches resignados esperaron hasta que alguien salió y al verlos les preguntó, “¿vienen de parte de Kemal Efendi?” “Así es”, respondieron al unísono, “esperen un momento, soy el secretario de Yusuf Efendi, no es necesario que lo vean a él yo los atenderé”. Desapareció por una puerta y después de cinco minutos salió con unos papeles en la mano. “Miren, me llamo Atabag Efendi, y les voy a dar unos papeles para que escriban sus datos personales, la universidad a la que desean ingresar, la carrera y los motivos por los que quieren estudiar”, “lo que no sabemos es que universidades ofrecen ni que carreras se pueden estudiar, simplemente nos dijeron que viniéramos aquí”, dijo Selim. “Vaya eso no lo sabía pensé que alguien les había orientado mejor…” una pausa para respirar por parte del secretario, “vamos a hacer una elección inmediata, pero van a tener que confiar en mí”. “No entendemos”, dijo Jaidar, en un tono de que no tenía mucho tiempo para responder dijo el secretario, “si, los voy a entrevistar en un minuto por persona y voy a escoger la universidad y la carrera que mejor les asiente, a propósito me parecen conocidos, ¿no estuvieron en el Jay este año?” “Sí”, respondieron los tres, “¿de donde? ¿De donde?, tú, si tú,” señalando a Jaidar, “tu eres el del estandarte. ¿Cómo te llamas?” preguntó Atabag. En un momento de sorpresa y confusión las cosas eran distintas, Jaidar contestó, “si yo fui el del estandarte mi nombre es Jaidar”, “que bien, ¿Qué quieres estudiar? o ¿que te llama la atención?” “Pues hace unos días me quedé helado al ver las nuevas obras en la ciudad, el bazar, las mezquitas, los palacios, quisiera entender como los hacen”, dijo Jaidar. “Perfecto serás entonces arquitecto, la Universidad de Estambul, será lo mejor para ti”, dijo Atabag. “Ahora contigo”, pregunto Atabag, “mi nombre es Amir y fui discípulo en la escuela de jurisprudencia de Bagdad, antes de volverme derviche”. “Perfecto, la universidad de Yunuz Emre en jurisprudencia, y tú”, pregunto Atabag, “soy Selim y quisiera ser músico, toda la vida he tocado instrumentos, pero no conozco la música a fondo”, afirmó Selim. A lo que Atabag pensativo respondió, “bueno, no hay universidades de música, tal vez un pequeño conservatorio, que manejan algunos derviches y un maestro, creo que le dicen Canun Baba, el único problema es que no tendrás beca, tienes que ir a hablar con él parece que recibe a personas verdaderamente diestras y les procura conseguir un trabajo en lo que estudian con el”. Selim asentó y no llenó los papeles, esto último distanciaría finalmente a los tres, ya que no volverían a estudiar en el mismo lugar, pensaron en su viaje de regreso.

La vida del hombre es estar solo los amigos y parientes solamente se comparten por un tiempo, sin embargo, estar en una orden los hace más que hermanos y más que parientes. En el camino de regreso pasaron a ver al Shaij Muzafer para contarle el sueño, compartir el narguile y beber té.

Al llegar a la librería lo encontraron detrás de un gran narguile que contenía cuatro pipas, aunque siempre hay un celo por los discípulos, Kemal Baba les dio manga ancha para visitar al Efendi. “Siéntense y sírvanse”, dijo el Shaij, como si supiera a lo que venían los muchachos, agregó, “quién va a decirme algo hoy”. “Tengo un sueño que contarle Efendi”, dijo Jaidar.

Cuando el sueño fue contado el Shaij Muzafer dijo, “es curioso, como dijo Kemal Baba, podría representar el sello de cualquier orden, Bektashi, Jalveti, etc., pero en particular me parece que es algo nuevo, algo distinto, algo que no ha pasado aún, de hecho ayer recibí un libro que menciona algo sobre el Tabaqat ul Auliya. Este libro habla de muchos maestros Santos del Islam, se pueden identificar muchos, anteriores al libro, pero también otros que vinieron después y seguro algunos que aún no conocemos. Vengan, dejen eso y síganme”.

Los cuatro salieron del bazar a toda prisa, su dirección, la zona de Fatij en donde se encuentra la biblioteca pública. Antes de llegar al complejo el llamado para la oración de la tarde, los desvió por el lado del caravanserai o caravanero, cortaron para acceder a la mezquita. Al finalizar el rezo, se dirigieron hacia la biblioteca, sin embargo Jaidar decidió cambiar de ruta, una habitación tenía la puerta abierta, los demás regresaron y vieron a Jaidar parado y congelado, no miraba para ninguna parte solo hacia adentro. Todo su ser estaba absorto, cuando llegaron los demás supieron de que se trataba, era el cuarto del estandarte, ahí resplandeciente, lleno de vida, brillante por si mismo cautivó a los derviches. El guardián del estandarte salió a cerrar la puerta mientras los guardias armados salían del cuarto, sin pensar el guardián les dijo, “¿es hermoso verdad?”, cuando vio al Shaij Muzafer, dijo “asalamu aleykum Efendi, entren un momento por favor”. “Solo los héroes en batalla pueden tocarlo,” dijo el guardia, entonces agregó el Shaij, “el”, refiriéndose a Jaidar, “es un héroe militar, sin embargo el estandarte ya ha estado en sus manos”. “¿Cómo?” preguntó el guardián, “si en la batalla contra el Sha, casi lo toma y en Meca cayó en sus manos”, respondió el Shaij, “¿de verdad?, pues bienvenido seas”, dijo el guardián.

Ahí estuvieron unos minutos, rezaron los cinco y finalmente Jaidar fue convidado a visitar el estandarte en cualquier momento. Siguieron su camino hasta la biblioteca para buscar el libro.
Algo muy curioso, la mezquita se llama Fatij en honor de Mehmet Fatij, conquistador de Estambul, Fatij quiere decir victorioso y Muzafer también quiere decir victorioso, en compañía del victorioso, en la mezquita de igual nombre, tuvieron el estandarte por unos minutos.

Al llegar a la biblioteca el Efendi recibió el libro, escrito por el Shaij Imam Ajmad ibn Utman Sharnubi, califa y sucesor de Ibrajim Dusuqi, tercer Qutub del Islam. Como si el libro guiara los movimientos del Efendi, rápidamente encontró lo que su inspiración le dictó, una cita que decía así.

Sayid o el Señor Pir Nuredin Yerraji, será de Estambul y aparecerá en el año 1115 de la hégira, vivirá 44 años y verá su estación en el Paraíso antes de morir y a quién visite y rece en su turbe Allah le concederá lo que pida.

“Esto es, este hombre será hijo de la Orden Jalveti, lo sé por tu sueño y por el sueño de la muchacha Hagar, que me platicaste, también sé que la orden fundada por él llegará a ver el Día del Juicio y será la última, el es el Sello de los Pir, Jaidar soñaste con el Sello del sufismo”, dijo el Shaij. Estas palabras enfriaron a los muchachos, “¿el día del Juicio, dentro de dos siglos?” preguntó Amir, “no, solamente es la fecha en que este Pir habrá de nacer, el Día de la Resurrección es otra cosa”, dijo el Shaij.

De regreso al Bazar la conversación siguió por parte del Shaij, “no es para tanto, siempre debemos estar concientes de que el final llegará, esperándolo con júbilo, si es que somos de los justos y con temor si somos de los injustos. El fin nadie sabe como vendrá, creo que vendrá no en un día ni en dos, sino en toda una época, en varias generaciones que serán testigos de este gran final, no habrá imperios Musulmanes ni mezquitas auténticas ni muchos derviches. Una época difícil en la que solo un pequeño grupo representará al Islam verdadero”.

“Profeta, al final ¿quedará un solo Musulmán?” “Los habrá por miles Ali, como la arena del mar, pero de todos no tendrá valor ninguno, la gente cometerá pecados abiertamente sin castigo, el Islam será solo un nombre cualquiera y los peores serán los hombres de religión…”

“Disfruten que existen Imperios Islámicos, que todo está regido por el Corán, a esta Ciudad le llamamos Estambul en vez de Constantinopla, El Islam en abundancia, aprovéchenlo, maestros hasta en las librería, panaderías y desde luego en las mezquitas”, continúo el Efendi.

Al llegar al bazar, el Shaij Muzafer le dio a Jaidar un papel, “este es para Kemal Baba, no lo leas, es para tu Chelebi y nadie más.” Se despidieron y partieron hacia Galata.

Los muchachos no vieron al Chelebi hasta un par de días después, le platicaron lo del ministro y desde luego su experiencia en Fatij, en eso Jaidar entregó el papel del Shaij Muzafer a Kemal Baba, este lo leyó y no dijo nada hasta la hora del almuerzo. Después del almuerzo los jóvenes recogieron la mesa y en eso el Chelebi les dijo “si, a lo que les pidan hacer, estoy de acuerdo”. El Chelebi no permitió que se le preguntara más y se retiró.

En esos días las ceremonias del Sama parecían integrar mas a la comunidad los muchachos se sentían parte de un todo que giraba con ellos. Los ratos de charlas con el Chelebi y con los Murshids, seguían inflamando los corazones de los muchachos. El amor divino, el amante perfecto, solo se consigue amando y amando, un regalo de Allah, amor a sus murshids a sus Chelebis a sus amigos, a Mevlana, al Profeta a Ali y finalmente a Allah. La tradición los convertía en mejores musulmanes, el amor a la religión y a sus formas es lo que hace que el hombre prospere, más allá de la simple forma y de la simple complacencia con los instructores o con la comunidad. Pero dentro del mundo material comenzaba la desesperación y el ansia que todos los jóvenes sienten, por sentirse útiles, convertirse en alguien, convertirse en padres, esposos.

Esa semana el Sheij Tozun llegó a ofrecer algunos empleos, uno era de anfitrión en el área de establos en el cavaranserai de Pera, otro era un trabajo de ayudante en una panadería de Bayazit, y el tercero era doblar bandas de madera para fabricar instrumentos, en este caso el instrumento nunca se vería terminado, solamente era el doblar bandas. Los tres empleos eran muy mal pagados, pero mantendrían ocupados a los muchachos un tiempo.

Desde luego el primero era para Jaidar, el segundo para Amir, que era muy bueno en la cocina y el tercero fue para Selim ya que esas bandas, la mayoría se convertirían en bellos panderos para tocar. Los tres se sintieron obligados a aceptar ya que lo de las universidades iba a tardar.

Después de un par de semanas de trabajo, encontraron tiempo para todo, casi siempre acababan en la librería del Shaij Muzafer, aunque las obligaciones en la derga eran pocas las hacían con gusto. Ya en una dirección fija pudieron escribir a sus familias con la intención de que les contestaran. Durante esa semana Jaidar había conocido a toda clase de viajeros, de los más diversos lugares del mundo, mientras Amir tomaba buenas lecciones de pastelería que usaba cada semana para deleitar al Chelebi con algo nuevo. Selim en cambio se volvía un músico pasivo, así como era el sufismo, se hacía uno con la madera entendía el concepto de sentirse uno con el instrumento, hasta llegó a adivinar como sonarían los instrumentos terminados

En una correría por Estambul arribaron hasta una casa que se conocía como Jindilar Tekke, este lugar se supone recibía a todos los qalandari que visitaran Estambul, desde luego después de ese día Jaidar trataba de asomarse en cada oportunidad para encontrarse con su antiguo grupo.

Un día al llegar a la derga, se encontraron con varios documentos dentro de la correspondencia. Eran los citatorios para los exámenes de admisión para Jaidar y Amir, el tercer documento era de carne y hueso, era Canun Baba, venía a examinar al candidato. Los nervios estallaron, sudor en pies manos y en la cabeza, Selim pidió un minuto para conseguir el bendir o pandero, lo que pensaba, ‘no he practicado, no estoy listo, no voy a poder’. Los otros dos aunque metidos en sus propios pensamientos, sabían que para Selim esta sería la primera y la última, así que durante ese minuto que solicitó, Jaidar, sin pensarlo comenzó a recitar el Masnavi, de una forma tan dulce pero tan potente que se escuchaba en toda la derga, todos los derviches dejaron de hacer lo que hacían y se acercaron al salón principal, incluso los turbelar dede se desprendieron de la tumba. El ambiente era por demás ideal, Selim se calmó y al sentarse frente a Canun Baba se transformó, jaidar guardó silenci mientras el maestro ordenó, “toca, duruk yemai”, Selim se puso a tocar, “mas lento”, dijo el Baba, “mas lento”, en ese momento Selim se soltó, sabía que lo mas difícil era tocar lento y mantener esa velocidad por mucho tiempo era muy agotador. “Mas lento”, insistió Canun Baba, entonces como algo que se mete dentro del cuerpo, algo que transforma el alma, se mezclaron en él, el Masnavi, el giro y la música, entonces el tambor iba a la mano y no la mano al tambor, sus latidos del corazón y su respiración se volvieron una con el ritmo, entonces todo fue sencillo, cambiar de ritmos y de velocidad no parecían ser mas sencillos que un guiño del ojo, una leve sonrisa o el movimiento de un dedo al rascarse, todo era natural.

El Baba quedó muy impresionado en la forma de interpretar, Selim había entendido el sonido natural de la madera y lo había plasmado, sin embargo, con rostro serio Canun Baba preguntó “¿porque quieres ser músico?” A lo que Selim respondió, “para alcanzar el Tawhid”, a lo que el Baba respondió, “esa respuesta es sincera pero muy ambiciosa, esperaba que me contestaras para vivir y sostenerme de ello”. Sin más el Baba se despidió y se fue.

Aunque todos animaron a Selim, la juventud te hace dudar de todo y pensó en lo peor, para los otros dos no era mejor, los documentos eran citatorios y temarios para prepararse en unas semanas, el idioma, ninguno de los dos era turco, sin embargo harían su mejor esfuerzo.

Después de dos semana de estudiar y trabajar, la vida del estudiante, cada cual para ingresar a su universidad respectiva, con mas dudas que respuestas, a esperar.

Por fin la espera terminó, un día antes del examen, durante esas semanas de estudio no habían visto al Shaij Muzafer, ni se habían distraído de sus obligaciones. Ambos Amir y Jaidar caminaron a sus respectivas instituciones, cruzar el Cuerno de Oro y ver la majestuosa ciudad en construcción, con nuevas y espectaculares mezquitas y palacios, inspiraba aún mas a Jaidar, mientras que Amir veía la afluencia de personas a Estambul, deseosos de una nueva vida, una vida que podría ser la suya. Ambos llevaban roscas con ajonjolí preparadas por Amir para el desayuno, este sería un día muy largo.

Era una mañana fresca, Jaidar tomó hacia el Bazar, mientras que Amir se dirigiría hacia el hipódromo, ambos se despidieron deseandose suerte y con un gran abrazo marcharon. Jaidar caminó a lo largo del Bazar y se asomó en dirección de la librería del Shaij Muzafer la que desde luego estaba cerrada. Entonces una voz familiar le dijo, “así no se busca a un derviche, un derviche llega en el momento oportuno, Allah lo deposita en tu camino”, era Rajim Baba, su maestro qalandar, “veo que todavía cargas el casgul”, dijo, “apúrate y no te distraigas”. Jaidar con una enorme sonrisa le agradeció y prometió irlo a buscar al Jindilar Tekke.

Cientos de alumnos se congregaban en la puerta de la universidad, muchos acompañados de sus familiares, escuchando toda clase de recomendaciones, Jaidar se sintió huérfano en ese ambiente, sin padres, ni hermanos, ni novia o amigos. Sin embargo la presencia de Rajim Baba lo conmovió y lo tranquilizó. Nadie esta realmente solo cuando ha podido amar, amar a Allah.
Tres horas de examen, todo tipo de preguntas, desde aritmética hasta leyes islámicas, verdaderamente para expertos en todo, un grado de exigencia que pocas veces se podría ver.

Al salir Jaidar sin pensar en otra cosa fue al Jindilar, allí se encontró con Rajim Baba y los demás, abrazos, risas y lágrimas juntaban a los hermanos más que amigos. La experiencia en conjunto hace que la humanidad se junte, que se ame y que se dedique al bien común. Es casi inexplicable el sentimiento que se tiene por los camaradas y más aún cuando la familia está lejos.

Después de charlar con todos, con Suleyman, con Jamid, con Zain etc., Rajim Baba dijo, “es curioso, nosotros completamos el qalandar aquí en Estambul, una etapa mas en el camino hacia Allah, de aquí pueden hacer lo que gusten, regresar a su vida anterior, o volvernos a ver el siguiente año en los caminos del Islam, algunos descansarán o lo tomarán con más empeño, y tu Jaidar aquí terminando una etapa para comenzar otra, al mismo tiempo que nosotros y en la misma ciudad, que Allah te bendiga y nos volveremos a ver, vamos a estar aquí casi un mes”. Jaidar se despidió y corriendo pasó por el cavaranserai, para avisar a su jefe del examen, al llegar ahí, vio que en su cuadra estaban unos caballos con unas monturas que le parecieron familiares, monturas de Herat, inconfundibles para un experto jinete, era una pena no saber de quién eran, posiblemente algún familiar. Preguntó por los propietarios, el caballerango dijo que no había visto a los jinetes que un muchacho nuevo las había traído al establo.

Dentro de sus muchas paradas, la librería del Shaij se cruzó en su camino, allí estaba Amir, con otros mevlevi y otros que después se identificaron como Jalvetis. Charlaron un rato y se despidieron, ambos estaban hambrientos, Amir sacó unas natillas de su bolsa y las compartieron, Amir había pasado antes a la pastelería.

Al llegar a la Derga, se encontraron con una sorpresa, visitas inesperadas, muy inesperadas, los padres de Amir, el abuelo de Selim y el papá de Jaidar y su hermano. El Chelebi Fahri los había contactado y les había informado de su estancia en Estambul, de alguna forma la llegada de todos coincidió con el día de los exámenes. Sin duda un día muy alegre pero que ofrece aún mas preguntas.

Para Amir era todo dulzura, el verlo encaminado a conseguir algo, con un empleo y rodeado de hombres de conocimiento, verdaderamente llenaba todas las esperanzas de sus padres. En cambio los papás de Selim no aprobaban la decisión de volverse músico y por eso no desearon apoyarlo, su abuelo en cambio estaba muy orgulloso a pesar de la opinión de su hijo. Para Jaidar, su madre le insistía en regresar a casa, no concebía a su hijo en un país extranjero, pero al final su padre lo iban a apoyar si decidía quedarse. Además su padre y hermano solo eran la avanzada del resto de la familia que venían a apoyarle.

Con mas confianza los muchachos enfrentaron las posibilidades, sentirse acompañado es muy importante y sobretodo apoyado, la familia espiritual es una gran base de apoyo, los derviches construyen vínculos fraternales a través del maestro y facilitan el camino para cualquier persona.

Al día siguiente en un gran paseo caminaron por todas las calles de Estambul, visitaron las construcciones, la nueva Santa Sofía, la nueva mezquita de Suleyman, el barrio de Fatij, el Jindilar, el bazar y desde luego al Gran Shaij Muzafer. Las familias no podían quedarse en la Tekke algunos fueron hospedados en casa de derviches, sin embargo el Papá de Jaidar se hospedó en la posada Barut cerca de Santa Sofía.

Jaidar y los demás debían volver al trabajo mientras sus familias eran atendidas por otros derviches. Todos fueron invitados a la ceremonia del Sama, compartieron los alimentos con los derviches y fueron inundados de regalos. El ministro Yusuf Efendi al terminar el Sama informó que la información acerca de los aspirantes se daba aproximadamente un mes después del examen.

Una semana después llegó la invitación de Canun Baba para Selim, varios exámenes más se debían practicar, pero después de esto era un hecho que sería admitido. La familia de Selim con cierto recelo de tener un hijo músico, asistió al examen, pero al ver la escuela y la calidad del edificio y de los músicos quedaron más que conformes por tener a su hijo estudiando.

La familia de Selim y la de Amir debían volver a casa, mientras el resto de la familia de Jaidar llegó. Lo mas sorprendente sus hermanas y Karima con su mamá. Esto último era muy agradable para Jaidar, pero también muy comprometedor, esa era la razón por la que su papá alquiló en el Barut. Lo que le dijeron al final era que solo venían de paseo y que aprovechaban el viaje con otras personas de Herat. Esto podía ser cierto ya que en el grupo de Herat, venían unos tíos de Jaidar que deseaban comerciar con las turquesas y con el Ambar, productos muy apreciados en Herat.

Por esos días un requerimiento para Jaidar, con el sello del sultán en forma de Tura, en un sobre verdaderamente elegante arribó a la derga. Era una invitación para ver ir al palacio del sultán a una entrevista, esto no se cuestiona, así que su jefe en el cavaranserai le permitió faltar un día completo. El Chelebi, los murshids y la familia de Jaidar se sorprendieron, su hijo ya había sido entrevistado por el Sha y ahora por el sultán.
Jaidar tomó camino con ropa y zapatos nuevos. El Barut estaba justo enfrente de la entrada del magnífico palacio que estaba siendo remodelado en su totalidad, se pretendía remodelar el harem y construir una sala para las reliquias del Islam, las armas del Profeta, así como sus efectos personales. Para Jaidar acostumbrado a emociones fuertes, fue como otro día, citó a Karima en el Bazar para invitarla a comer y charlar. Claro, estas invitaciones eran para toda la familia, es decir las mujeres de la familia estarían a un par de metros de los jóvenes en todo momento, una charla prácticamente a señas y miradas que permitieran cierta discreción.

Jaidar mostró la invitación y los guardias llamaron al anfitrión del palacio, entró tras él y atravesaron el gran patio hasta la entrada principal un domo formado por ocho puntas, plateado con dorado en las puntas, el quicio de la puerta tiene la Kalima escrita en verde con dorado, rodeada de dos Turas en azul dorado como en la tumba del Pir Mevlana. De ahí lo hicieron pasar a la sala de espera, un cuarto elegantemente decorado con un enorme tapete de Tabriz y con cientos de cojines forrados en seda roja. Allí se encontraba un hombre sentado también a la espera de ser atendido, se saludaron aunque Jaidar sentía que lo conocía de otro lado, al comenzar a platicar se dio cuenta de que era el arquitecto en jefe de la mezquita de Suleyman que conoció en la obra.

Jaidar le preguntó toda clase de cosas sobre la construcción y le platicó sobre su interés en estudiar arquitectura y sobre el examen que había presentado. El hombre no era otro que Sinan el arquitecto en jefe del Imperio, venía a informar de los avances de la mezquita y de los detalles del palacio, este hombre a la fecha contaba con mas de 400 obras y vendrían mas, así que el muchacho debía quedar muy bien con el, claro el joven no sabía exactamente con quien hablaba pero, fue cortes como todo un derviche, en eso alguien entró a buscar a Sinan. A Sinan le agradó el muchacho y lo último que le dijo, “te llamas Jaidar, no lo olvidaré”, esto mientras desaparecía por la puerta que conducía a la sala del sultán.

Casi una media hora después un hombre entró a buscar a Jaidar, un hombre de jirca negra con un turbante rojo y blanco como el de los imane de la mezquita pero de un tamaño descomunal, casi no pasaba por la puerta. Este hombre era Majmud Pasha, el Shaij al Islam, la máxima autoridad religiosa del imperio, lo llevó hasta una oficina muy elegante adornada con caligrafías y con alfombras por todo el piso. Con cierto dejo, le dijo a Jaidar que se sentara y comenzó a hablar sin presentarse como si fuera obligación de Jaidar saber quién era. “Yo no creo en todo lo que los Sufis afirman, y como académico no puedo validar lo que sueñan ni en sus experiencias místicas, lo único que puedo avalar es l oque está en los Jadices y en el Corán, no puedo tampoco aceptar la autoridad de sus Shaijs. Sin embargo como tampoco puedo demostrar físicamente la existencia de los genios, los ángeles y mucho menos de Allah, debo creer ciegamente en lo expuesto en las escrituras y en la veracidad de las palabras de nuestro Profeta, cuando habla de esto, de los sueños, los milagros etcétera. El destino es un punto en la fe que no puedo negar y cuando el destino se empeña en mostrarse cada vez más, ‘extraño’. En tu caso debo aceptar que Allah da la Baraka a quién el prefiere y no a los que se esfuercen en tenerla”. Después de una pausa y en tono mas agresivo, “debemos o no ver la Baraka de Allah en un jovencito, que carga contra el sultán con un regimiento que es exterminado excepto él, que tiene como objetivo tomar el estandarte de Alí, para después caerle en sus manos en plena peregrinación. Si en peregrinación a un Sufi, si un Sufi, donde el sufismo es casi proscrito de la ley islámica en decenas de ciudades del mundo. Un joven que carga nuestra máxima reliquia, de manos de un muerto es inconcebible, pero no deja de ser un ayat o señal del cielo. No voy a interpretar este hecho con la ligereza de los sufis, pero sí con el rigor de la ley. Y en este caso no encuentro mas que un hecho positivo, un hecho que confirma la fe en el destino y una gran bendición”. Toma un papel y lo lee, “Jaidar de Herat, ¿que tienes que decir?” Con timidez Jaidar abrumado por la lluvia de ideas contesta, “lo único que ese estandarte me trajo al principio fue muerte y tristeza, pero después de todo este tiempo he visto que me puso en el camino de Allah del que no voy a salir nunca, el sufismo es lo único real para mí y como derviche he de morir por encima de mil leyes que me lo prohíban”. “Tienes temple y carácter, de verdad lógicamente lo que te ha ocurrido no tiene explicación, por la ley confirmamos lo que creemos en ti y te lo agradecemos, de hecho el sultán quiere conocerte, ya hemos hablado con tus Murshids y con las personas que fueron testigos de tus vivencias, ahora que salga el arquitecto podremos entrar con el sultán”.

Después de una taza de té el Shaij al Islam llevó a Jaidar a la sala de audiencias del Sultán, de lejos se pudo despedir de Sinán con la mano y entró a la sala. “El es señor”, dijo el Shaij, “tashakur”, y el Shaij se retiró. Durante un tiempo que nadie pudo medir, Jaidar contó todo al sultán, la estrategia y el momento en el que alguno de sus primos pudo haberlo matado en batalla, sobre el estandarte, el Sha, Sindi Baba, los Qalandari y finalmente los Derviches Giradores, su maestro Mujib Efendi, y la situación en Azerbaiján y Ardabil para los Sufis y los Sunis. Suleyman fascinado como Shahriar con Sherezada, agradeció y afirmó que esta historia era un ejemplo para los jóvenes turcos y que diariamente se escriben grandes historias por personas sencillas, la historia de la humanidad la escriben individuos dispuestos a todo. Al terminar el Shaij al Islam entró para la oración del mediodía y con los salams propios del final de la oración Jaidar se retiró

Al salir Jaidar recordó su cita, al llegar al Bazar Karima no estaba, la buscó por todos lados y al sentirse frustrado comenzó a llorar, pensando en que nunca le volvería a hablar, entonces regresó a la posada y ahí estaban ella, su mamá y la mamá de Jaidar, ya habían comido. Jaidar envuelto en la vergüenza la invitó a tomar un té con bocadillos, con un aire de desprecio, Karima aceptó, diciendo, “nadie me deja plantada”, “pero estuve con el sultán, no fue mi culpa”, “aunque hubiera sido el Profeta me plantaste y eso es lo que importa”, respondió Karima. Salieron un par de horas acompañados de cerca por las demás mujeres, charlaron por todo ese tiempo, Jaidar feliz de hablar en su idioma y de estar con una muchacha.

Al ir atando cabos, de donde se pudo filtrar el chisme de Jaidar hasta el palacio. Las probabilidades apuntaban al ministerio de educación, eran los únicos con conexiones para llegar hasta el palacio, desde luego Atabag el secretario, fue muy insistente. En Estambul todo se sabe así que hay que seguir al pie de la letra el Jaidt del Profeta en el que hablar mal de una persona es equivalente a comérselo.

Las noticias llegaron y las vacaciones terminaron, la familia de Jaidar debía regresar pero con la noticia en las manos, Selim ya llevaba una semana en el conservatorio de Canun Baba, con una beca, Amir también fue admitido y obtuvo la beca. Jaidar fue admitido con una beca condicionada ya que sus notas no habían cumplido con la excelencia requerida. Lo de la beca condicionada, se veía forzada por la mano de Sinán, tal vez, o no. De todas formas fue admitido, su familia regresó a Herat muy complacida con la vida que había escogido su hijo. Jaidar habló con Karima y con su mamá, habría posibilidades en un futuro, es decir el primero de mayo del año siguiente.

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