El Inicio de la Madurez

Para todo individuo, los cambios en la vida son difíciles, para unos mas para otros menos. Las decisiones que uno tome en la vida serán su triunfo o fracaso en todos los sentidos. Las frustraciones y las desventuras por las que uno deberá pasar son culpa de uno mismo y de nadie más. Los verdaderos musulmanes tienen el consuelo de que Allah siempre está de su lado y todo lo que hacen lo hacen por complacerlo.

Siempre los primeros meses en la universidad proponen cientos de dudas, mas aún cuando las calificaciones no son de excelencia, hay frustración por lo que parece no ser lo que uno desea. Hay nuevos amigos y enemigos también, envidias y recelos.

En la universidad se gestan todas las formas de pensar y en cierta forma todas tienen algo de verdad. Por ejemplo había un grupo que estaba totalmente en contra de los derviches, otro moderado y otro sumido en la religión como política. Jaidar y Amir fueron atacados constantemente y apoyados en otras ocasiones. En mas de una ocasión las discusiones inmaduras terminaban en golpes, el recelo entre derviches de distintas ordenes también provocaba enfrentamientos. Si los del grupo político se hubieran enterado de que Jaidar había peleado contra los otomanos, ya estaría muerto.

¿Como puede funcionar una universidad con tantas facciones, modos y modas? Esto es una formación intrínseca, no puede haber policías del pensamiento en la universidad, esta universalidad de formas debe ser entendida por el estudiante responsable y sacar provecho de ella para el resto de su vida.

La formación de derviche al menos permitía cierta tolerancia y paciencia para con los demás y eso debía demostrarse en todo momento, pero todo tiene su límite. Para el segundo semestre Jaidar apenas había podido conservar la beca y estaba tan desgastado por los estudios que pensaba en renunciar, pero a veces los regalos llegan del cielo y nos hacen tomar nuevos bríos. Una noche en la que Jaidar estaba tan perturbado, no quería girar ni hacer el llamado, ni recitar el masnavi, fue llamado junto con Amir y Selim al comedor del Chelebi. Kemal Baba les dio una orden, “¡preséntense sus trajes de Mevlevi completos en la colina de Toygar en Uskudar, el próximo jueves antes del Magrib u oración del atardecer!” Esta orden era muy extraña ya que no podían salir de la derga los trajes, ni mucho menos usarlos en la calle.

El lugar de la cita y los horarios de los jóvenes harían imposible que los tres llegaran al mismo tiempo. Uskudar era un lugar del que no conocían nada, salvo que su Shaij Mujib había vivido allí, pero nada mas. Jaidar por ejemplo deambuló por el puerto durante veinte minutos hasta que sin darse cuenta entró a un pequeño hotel en el camino. El encargado se llamaba Suleyman como el Sultán, amablemente le ofreció un te y le trató de explicar como llegar a la colina de Toygar, pero no sabía bien, entonces le dijo vamos, entonces el hombre salió corriendo del hotel y Jaidar lo siguió. Entonces pasaron frente a las mezquitas en construcción de Mijrimar y de Shemsi pasha, ambas impresionantes, se dirigieron al centro de la ciudad. Después de incontables vueltas, llegaron a un vecindario donde Suleyman, le dijo esta es mi casa, no tardo. Jaidar estaba confundido habían recorrido toda la ciudad, habían caminado mas de media hora y al parecer Suleyman estaba mas extraviado que antes. Desde la ventana de la casa una mujer que parecía ser la esposa de Suleyman, le dio algunas indicaciones. Arrancó nuevamente el hombre y Jaidar tras el, llegaron a un lugar donde había varios comercios, uno de ellos era una tienda de tabiques y material para construcción, Suleyman habló con el dueño en un turco muy veloz, se despidió de Jaidar y se fúe. Tan rápido que Jaidar no pudo decir nada. El dueño del establecimiento le dijo a Jaidar que se sentara y que esperara un momento. El dueño terminó de despachar a dos clientes y luego atendió a Jaidar.

En su breve conversación, Jaidar se pudo enterar que Suleyman no sabía bien donde estaba la dirección, así que buscó y buscó hasta que su esposa le dijo que en esta tienda posiblemente había alguien que supiera algo. Suleyman generosamente descuidó su negocio para atender a un hombre extraviado. Después se enteró que el propietario era un derviche Jalveti del Shaij Muzafer y que la esposa de Suleyman conocía a los Jalveti por su padre. En ese instante comenzaba la oración del atardecer y entonces, son una cortina de algodón se cerró la tienda.

Un pecado muy grande en el Islam es robar, pero robar un establecimiento es mas grave, pero mas grave aún es robarlo durante la oración, no solo porque el ladrón estará faltando a la oración si no también es romper la confianza de la sociedad.

Al llegar a la colina, se encontraron con una derga, con mezquita, como llegaron casi al final de la oración los dos entraron sin fijarse en más y tomaron un lugar en las filas, Jaidar alcanzó a ver a alguien vestido de blanco entre la multitud, le pareció conocido.

Al finalizar la oración un gran círculo con pieles de borrego se formó, una piel azul extendida con la cabeza apuntando hacia la quibla, dos pieles rojas a ambos lados, mientras al otro lado al frente de la piel azul una piel negra. Esta ceremonia era un wird o letanía como la de los Mevlevi, cada orden tiene un wird particular, este era muy extenso y contenía un ziker de nombres, cien veces Laila ja ila Allah, 100 veces Allah y cien veces Ju. En la piel azul estaba el Shaij Muzafer con turbante verde y dorado y cientos de personas alrededor. Al finalizar la ceremonia todos fueron convidados al banquete, que consistía en un pilaf de cordero, y cordero en salsa de verdolagas, pan y natilla.

Entonces los tres amigos se sentaron y pudieron charlar, cada uno tuvo una aventura diferente para contar, casi al terminar el postre fueron llamados a la mesa del Shaij. Se sentaron y Shaij, les explicó, “esta es la inauguración de la derga Jalveti de Uskudar y los tres han sido invitados a participar con permiso de su Chelebi a petición mía”. Entonces Jaidar comprendió que aquel mensaje entre ambos maestros era aquella petición. El Efendi continuó, “han de saber que cuando se funda una orden, las demás acuden a asistirla en lo posible, cuando Pir Omar Jalveti, fundó la orden, como un regalo de la Mevlevi un nieto de Pir Mevlana le fue regalado y enseñó el giro a los Jalveti de aquel entonces. Por lo tanto en una inauguración no podían faltar ustedes”.

El honor abrumó a los muchachos, en primer lugar no sabían que hacer en una ceremonia distinta, no conocían los pasos ni tampoco la etiqueta.

Fueron llevados a un cuarto en el que podían cambiarse y allí vieron a otros derviches vestirse para la ocasión, unos Naqshbandi, unos Rifai y un Qalandari, Rajim Baba. El llamado para la oración de la noche se escuchó, un derviche les indicó a los invitados que hacer, el hombre de la tienda de materiales les dijo, “Jaidar va a girar y va a entrar sin Jirca, Selim, si, Selim con los músicos por favor y Amir con Jirca por favor. Entraron al salón, donde efectuaron la oración de la noche, al terminar, se formaron círculos concéntricos, la mano izquierda tocando la mano derecha, siempre la izquierda detrás de la derecha. Con un profundo Ju comenzó la música y el giro, Jaidar estaba en el primer círculo, donde estaba el Shaij Muzafer. Jaidar continuaba viendo a alguien conocido entre los diferentes círculos, sin embargo lo perdía de vista constantemente, era difícil fijarlo.

En un momento, el Ju cambio por Jay, el siempre Vivo, refiriéndose a Allah, entonces el Shaij tomó de la mano a Jaidar y lo puso a girar en el centro, aunque el espacio era reducido el giro parecía llevar a Jaidar ligeramente a muy alta velocidad, sin tocar ni interferir con nadie. Durante el giro Jaidar empezó a ver cosas, imágenes que se empalmaban con los círculos, caballos galopando alrededor, el techo se volvía blanco con destellos de luz, hasta un punto en el que las imágenes se sobrepusieron al salón, a los círculos y a toda la ceremonia. Ningún sonido, ni siquiera el bendir de Amir, un miedo sobrecogedor, un vacío en el cuerpo, dejar de percibir, si el vacío es el cuerpo o el alma.
En el techo el estandarte totalmente desplegado en color blanco, nuevo o renovado y alrededor de Jaidar sus 30 primos girando con el. Los jinetes Gaznavis, héroes muertos en batalla, su primo Rahman, le decía “gracias por permitirnos volar contigo, vives en nosotros y nosotros en ti, volamos juntos para volvernos uno”.

En un momento en el que no se permite la interpretación, en el que el discurso es en vano, el corazón inflamado de amor del hombre obtiene al final la respuesta, obtiene la serenidad y la paz el salam eterno que no busca nada mas que permanecer ahí, de la aniquilación o Faná del todo al Uno, hasta la permanencia el Baqa, permanecer y nada mas.

Jaidar se despidió de sus primos en la mejor forma posible, entonces se dio cuenta de que no estaba girando, la ceremonia cumplía un rito más, que recuerda a la orden Bektashi, el Topo Vedevi o la cúspide de la verdad, en el que todo el círculo se detiene y comienzan los derviches a brincar gritando al unísono Ya Jay, Jaidar en medio de todo eso sudando y llorando completamente estremecido, es depositado en el suelo prácticamente inconsciente. El Shaij Muzafer, lo arropó con la Jirca, mientras Amir entró a asistirlo. Tardaría Jaidar unos minutos en incorporarse. No vería las filas que se formaron a sus costados, ni vería a los derviches Rifai clavarse los alambres, ni escucharía las palabras de la conferencia de los pájaros de Attar, efectuada por el recitador del Shaij.

“La búsqueda era en Mi, han dormido en la seguridad del templo interior del Ser, así como han venido treinta pájaros, treinta pájaros ven en el momento en que me han descubierto, el Simorg, Sim treinta, org pájaros, La Verdad, la última joya perfecta, la Luz en la que se han perdido a la vista de los mortales, dispersados en la nada, hasta que me encuentren en los seres que antes fueron”.

Jaidar se levantó y se le pidió que recitara algo del Masnavi, como nunca o como siempre fue bellísimo.

Al finalizar, agradeció el Shaij Muzafer a todos y los despidió, todos marcharon a sus casas en varios grupos, algunos tenían que regresar a Estambul, unos barcos propiedad de los derviches Jalveti los transportaron hasta Estambul. Jaidar se fue en el barco con Rajim Baba, platicaron de cosas sin importancia, pero como un maestro perspicaz, el qalandari le dijo, ahora si eres un derviche y debes informar sobre tu experiencia a todos los involucrados en ella. Se despidieron tal vez para siempre o para encontrarse en algún camino de Asia.

Al otro día, sin pensarlo se juntaron y asistieron a la oración del Yuma en la mezquita del bazar, al salir fueron a la librería apresuradamente. Allí se encontraron con los dos Shaijs, Muzafer y Kemal Baba.

Jaidar contó lo del estandarte y lo del círculo, preguntó por las palabras de Rajim Baba y contó un sueño que tuvo durante su inconciencia en la ceremonia.

Se encontraba en el jardín de la nueva derga del Shaij Muzafer, al fondo se veían algunos ataúdes formados rodeados de hojas y plantas. Un hombre entraba, como viniendo del interior de la derga, vestido en una ropa de calle, muy informal, sin embargo con ropa muy extraña, muy simple pero cómoda. Rajim Baba lo trataba de conducir a otra parte, pero el visitante insistía en revisar todo, todos los ataúdes, revisaba en su interior y preguntaba “¿Dónde está el Pir?” Llegaba hasta el final en donde esaban, el Shaij Muzafer, el Chelebi Fahr y Mujib Efendi y le respondían “no hay mas Pir”, entonces el hombre veía el ataúd del Pir vacío y se acostaba en él.

Kemal Baba respondió, “lo del estandarte es que al fin has liberado la culpa y el dolor por ser el único sobreviviente, debes vivir buscando lo mejor para ti y los demás, ya liberado serás un mejor derviche”. El Shaij Muzafer intervino, “la orden de Pir Nureddin no solo llegará a ver el día del juicio, sino el Majdi o Mesías, será hijo de esa orden, llegará a tomar el lugar del Pir en su tiempo, la ropa es signo de que será en un tiempo lejano”.

Madurar es resolver las dudas que nos atañen, los miedos y los rencores resueltos hacen que el hombre entienda que solo así puede convertirse en un ser dedicado a Dios.

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